Sola
- pedrocasusol
- 25 jun 2025
- 3 min de lectura
Escribe: Thalía Correa
Me detuve para verme en el espejo antes de salir de casa. ¿Por qué el pantalón se ve tan arrugado? Me volteo y veo tres arrugas más. Imposible salir así. Veo la hora, de todas maneras, llegaré tarde. Me regreso a planchar el pantalón, hace frío, no puedo ni prepararme un café. ¿Qué clase de vida llevo? Me concentro en planchar mi pantalón, lo reviso, está perfecto, me lo pongo otra vez y agarro mi cartera. Otra vez en el espejo, mi peinado sigue intacto, el maquillaje, la cartera y los zapatos hacen juego con mi ropa, uñas hechas, no hay arrugas en el pantalón. Perfecto. Ahora sí puedo seguir mi camino.
Llego al gran edificio gris con grandes ventanas en el que trabajo. La mayoría está en sus puestos de trabajo, así que no hay mucha gente alrededor. Lo único que me gusta de mi oficina es el piso brillante como un espejo. Espero el ascensor, me aseguro de irme al fondo, una señora se monta conmigo. Se cierran las puertas, vamos por el piso 5 y empiezo a marearme. De repente me falta aire. La señora empieza a acercarse preocupada, veo que no solo se acerca ella, muchos rostros atrás de ella. No puedo controlarme, quiero gritar, estoy sudando, me protejo la cabeza con las manos y me encojo hasta quedar hecha un nudo de persona. Empiezo a gritar:
-¡Auxilio! ¡Sáquenme de aquí!
-Señorita, ¿qué le pasa? ¿Está bien?
-¡No me toque, no me toque! ¡Ayuda!
Me desplomo en el piso, no tengo fuerza. Intento abrir los ojos, pero los tengo tan apretados del miedo que es imposible. Despierto en un espacio frío, todo es blanco, busco mi teléfono, necesito irme a trabajar, mis compañeros deben estar preocupados.
-Tuviste un ataque de pánico, quédate un rato más. Respira lentamente.
-Gracias, lo hago después. Tengo que ir a una reunión. Es importante. Me van a ascender.
-Creo que no está entendiendo, señorita. Es importante que se relaje. El ataque de pánico pudo ser producido por estrés.
-Estrés es lo que me está dando ahorita. ¿Qué me hicieron? Estoy despeinada y mi pantalón está todo arrugado.
-Señorita cálmese, por fav…
Salí del tópico abrumada, la gente me miraba, hablaban de mí, podía escucharlos decir: Es una buena para nada, nunca va a alcanzar el éxito.
Fulminé a todos con mi mirada y empujé a todo el que pude, no iba a ser la payasita de nadie. Quise montarme en el ascensor, pero cuando se abrieron las puertas no pude dar un paso. Empecé a sudar. De repente todo me apretaba, no soportaba el roce de la ropa con la piel.
Me quité varios botones, sentía que me asfixiaba, quería llegar a las escaleras de emergencia y terminar de llegar a mi oficina. Pero cuando llegué sentí que las paredes se hacían cada vez más angostas, querían aplastarme. Empecé a llorar y salí corriendo del edificio. No tenía fuerzas en las piernas y tropecé. Por suerte el vigilante me alcanzó y me ayudó a tomar un taxi.
Cuando llegué a casa, empecé a llamar a mamá:
-Mamá, tuve que regresarme, dame agua por favor.
No pareció escucharme.
-¡Mamá! No me siento muy bien, ¡ven!
La busqué por toda la casa, revisé la cocina, el baño, mi cuarto y su cuarto.
-¡Mamá! ¿dónde estás?
Pero no escuché nada. Entre en su cuarto, me senté en su cama. Me llegó un mensaje:
Le recordamos que hoy 25 de junio es el novenario de su madre, la señora Beatriz. Estaremos todos reunidos a las 6:30 p.m. en la Iglesia Santa Rosa de Lima, Lince.
***
-¿Mamá? ¿por qué no despiertas? -dije gritando.
La moví todo lo que pude y no reaccionaba. Llamé a la ambulancia. Mientras los esperábamos me quedé abrazada a ella.
-Seguro que ellos nos van a ayudar, mamá. No te preocupes, ya viene la ayuda, yo esperaré aquí junto a ti.
-Señorita, por favor, suéltela, ya no tiene vida.
Fue lo último que escuché mientras me separaban de ella. Me quedé más sola que la una.





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