top of page
Buscar

Acercándose otra vez

  • pedrocasusol
  • 16 sept 2025
  • 3 min de lectura

Escribe: Cecilia Fiestas


Por muchos años no supieron de ellos. Los correos no llegaron, las cartas no surtieron el efecto. Mas, ya era hora de soltar. Ella se acostumbró a su independencia, pero en el fondo, lo extrañaba. Debía salir nuevamente, antes de que la nostalgia la devorara.

 

Se propuso olvidarlo y alguien le sugirió unirse a una comunidad de solteros. “No creo en ello”. Pero la curiosidad le ganó y comenzó a experimentar. Miraba la pantalla con precaución, no vaya ser un loco el que esté al otro lado. Meses después, alguien dejó una nota. “¿Te gustaría conocerme? Hemos hablado mucho, pienso que ya es hora del siguiente nivel”. La expresión en su rostro lo dijo todo. ¿Pero qué podía suceder? Celeste dudaba, pero decidió darse una oportunidad. “Llevaré un sombrero blanco”. “Me reconocerás por el libro”.

 

Como si en el Universo, hubiese una línea que conecta los corazones, esta era la vía para ellos.  La celebración del reencuentro a flor de piel. A la hora pactada, Celeste y su amigo se vieron. ¡Eras tú! Dos almas que se conjugaron en un eterno abrazo. Nadie podría creer que eran los mismos. Él, con su cara de ángel, mirándola de pies a cabeza; ella, la incondicional, temblando por su olor, por el temblor de sus manos.

 

Ella empezó a hablarle, no creyendo en su imagen. Pero era él. Sí, y quién lo creyera. Ángelo le miraba dulce y extasiado. La misma mujer y otra a la vez. Un milagro. La emoción la embargaba. Y entonces recordó algunas situaciones.  

 

Los dos lloraron de emoción, ye es que el tiempo no hizo mella en ambos. Él se unió a ella, como cuando bailaban el vals. La deseaba en ese momento, buscaba sus labios. Hacía años que se dejaron de ver. Cerca, muy cerca. Dos mundos a punto de descubrirse. No era casualidad, era el amor otra vez. El beso del reencuentro sabía mejor esa noche.

 

Esperaba a otra persona, mas, el destino los volvía a reunir. Ya no eran los jóvenes. “Si la veo evasiva, me voy”. “Si él no es caballeroso, entonces daré una excusa y me iré”. Planificación a distancia.

 

¿Sus sentimientos serían los mismos? A él ya lo habían engañado, sabia de sobra que decir “te amo”, es falsía. Sin embargo, quería darle la oportunidad de ser nuevamente alguien libre. Se alistó ante el espejo, una gran prueba el verse guapo. Cantaba, se ponía su loción, se miraba nuevamente, “Hoy es mi gran noche” como la canción. En todo el rostro se vislumbraba miedo y alegría. ¿Por qué? Ya otras veces había contestado las llamadas, ya sabía enviar fotos magníficas. Las mujeres lo adoraban por sus manos gruesas, por sus labios carnosos. Él siempre mostrándose como un ganador. “Ánimo, ella se mostrará”.

 

Del otro lado, una señorita se disponía a cambiarse. Ella estaba por descubrir a ese hombre enamorado de sus correos. Debería llevar algo para identificarse. “El libro que leo, la contraseña”. Mientras ella seguía con su decisión de vestirse entre discreta y sensual. Rostro de chiquilla enamorada, nerviosa y febril. “¿Y deberé hablarle del otro?”. El pasado le pesa, ya no quiere salir.

 

Quizá el viaje de retorno al pasado los anime a descubrir, que todavía, hay algo por rescatar. A muchos kilómetros, hacia el sur de Lima, un hombre, apurado, camina hacia la nueva cita, esa que le lleva a la nueva conquista. Sus piernas están más ágiles que la última vez. La acera se ve más ancha, nadie la acompaña y no le habla con cariño. Esta tarde es una más de tantas, pero él se siente solo.

 

La cita con la incógnita ni puede postergarse. La conoció por chat, le pareció bella, al menos por lo que escribía. Él no se arrepentía de haber abandonado a las otras; su mente, como un cazador, volvía a lo mismo. “No quiero estar solo, no me gusta”. Caminaba lento, pero seguro. Miraba a cada esquina. Cualquiera de las chicas podría ser ella. 

 

Si no hay arraigo como una familia, una oportunidad tendrían. Ella estaba esperándolo en la esquina señalada. Y por enésima vez mirando el reloj, fiel testigo de su nerviosismo.  Su corazón no le mentiría. Él era el indicado, “Tranquila, Celeste, hoy es la noche”.

 

De pronto, alguien, con un sombrero blanco, la observa de lejos. Sorprendido, reconoce la silueta, o cree reconocer a la joven del libro. Se acerca unos metros, ella voltea y dos mundos cara a cara, una línea de Cupido irrompible. El amor vuelve con fuerza. Quizá.



 
 
 

Comentarios


Subscribe here to get my latest posts

Thanks for submitting!

© 2023 by The Book Lover. Proudly created with Wix.com

  • Facebook
  • Twitter
bottom of page