Antes de decidir quería tomar un café
- pedrocasusol
- 13 oct 2024
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Escribe: Gerardo Cárdenas
El más joven tamborileaba los dedos sobre la mesa, conteniendo el impulso de hablar, mientras el líder del grupo miraba de reojo la hoja sobre la mesa. El tercero se distraía con el olor a café y la música jazz a medio volumen. Sentados en la terraza del café, los tres muchachos escuchaban a un cincuentón ancho, de gorra y tatuaje de dragón en el brazo.
– Los conciertos ya no son la voz. Lo de ahora es Tik Tok.
Los tres músicos habían tardado meses en conseguir una cita con el de la gorra, uno de los productores musicales más exitosos de la ciudad. La banda sonaba bien, a decir de las veinte personas que, en promedio, asistían a sus conciertos en garajes y bares. Pero tras más de cinco años de carrera y sin un solo disco grabado, pensaron que era momento de dar el salto. El productor de tatuaje de dragón era la oportunidad para alcanzar nuevos públicos para su música.
–Suben unos reels, ya saben... –el productor hizo una pausa, buscando complicidad en sus caras, pero no la encontró. Continuó de todos modos– La gente los comparte, se hacen virales, ¡y ya la hicieron!
El dragón parecía derretirse bajo el sol del mediodía. Continuó su discurso sobre la muerte de los discos, sobre que las bandas solo deben pensar en sacar solo un single, subirlo a las redes sociales y esperar que se haga conocido. Luego vienen los seguidores, los conciertos y los dólares de la publicidad. Solo ahí se puede pensar en el lujo de un disco completo.
El productor se retiró la gorra para secarse la frente y dejó expuesta una calva brillante y vasta, como la de algún funcionario estatal que lleva años encerrado entre torres de papeles. Con la mano sudorosa empujó la hoja sobre la mesa: el contrato para llevar la banda a la cima.
Sentados en la terraza del café, los muchachos se miraron como recordando las imágenes: los ensayos hasta la madrugada, los escenarios, el humo, las luces de neón, las peleas con otras bandas, los amores con seguidoras, los pisos pegajosos, los choques eléctricos, las risas nerviosas, el pitido de las guitarras mal calibradas, los coros desentonados de los más ebrios, la chela gratis, la resaca de los domingos.
Los tres muchachos se miraron de nuevo. En aquella mesa del café, el líder de la banda tomó el lapicero, renunció a los escenarios y se preparó para subirse a la ola de Tik Tok. El más joven se levantó de un salto, los mandó a la mierda y se fue. El tercero no respondió. Antes de decidir quería tomar un café.





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