Bajo ataque
- pedrocasusol
- 11 ene 2022
- 3 min de lectura
Escribe: Pedro Casusol
El año comienza mal con la sentencia contra el periodista Christopher Acosta y Jerónimo Pimentel por “Plata como cancha”, el libro de investigación periodística que echa luces sobre los rincones oscuros de la biografía de César Acuña, el magnate de la educación y líder de un partido político que existe para defender sus intereses personales, que sueña con gobernar el país. La sentencia condena al periodista y al director editorial a dos años de prisión suspendida y a pagar más de 400,000 soles, y constituye no solo un atropello a la razón sino también a la labor periodística en general.
El fallo pretende criminalizar… ¡el uso de citas textuales! Esto quiere decir que ya no se pueden utilizar fuentes porque todo lo que ellas digan podría ser usado en tu contra, so pena de pagar millonarias reparaciones. El juez Raúl Jesús Vega, el que dictó sentencia, arguye que solo se deben citar “fuentes confiables”. ¿Qué será una “fuente confiable” para el juez? ¿Una fuente oficial? Lo que se quiere es amedrentar a periodistas utilizando al Poder Judicial de chaveta. Tan es así que la lectura de la sentencia no iba a ser pública, fueron los periodistas quienes lograron que se transmita por Justicia TV.
El derecho a informar y a ser informados es parte ineludible de lo que nos convierte en ciudadanos. Ningún juez puede recortar una libertad fundamental. Acuña, el hombre que tuvo los nervios para develar un busto de sí mismo, afirmó varias veces que ni siquiera ha leído el libro −cierta vez dijo que se trataba de una novela de ficción− y aun así habla de “frases difamatorias”, señalando citas que son corroborables con sus fuentes. Se han extraído de libros publicados, expedientes judiciales, entrevistas, etc.
Tal parece que el juez ha condenado a Christopher Acosta casualmente porque ha hecho un buen trabajo. Su libro sigue revelando a un personaje que pretende comprarlo todo, incluyendo el silencio. El mensaje es claro: “Ya nadie se meterá más conmigo”, lo que se hace extensible a otros personajes que tienen tanto dinero como Acuña. Es también un mensaje a las editoriales, porque ahora quién en su sano juicio va a atreverse a publicar un libro que exponga a los poderosos. Ahora solo se editarán hagiografías.
No es el único ataque: el sábado 8 la fiscalía allanó la casa de Pedro Salinas y se le intentó confiscar su computadora, donde casualmente se encontraba el libro de investigación que viene trabajando sobre el Sodalicio, organización religiosa acusada de crímenes horribles, como el abuso sexual de menores. Sí lograron confiscar su teléfono celular y los de su pareja e hija, usando como excusa una vieja indagación fiscal que sirve ahora de hostigamiento. Paola Ugaz lo sufre desde hace años, en especial ahora que anuncia nuevo libro sobre las finanzas de los hombres poderosos detrás del Sodalicio. Como se sabe, ambos son coautores de “Mitad monjes, mitad soldados”, el libro que reunió por primera vez los testimonios de sus víctimas.
Irónicamente, el año que pasó fue un gran año para los libros periodísticos. “Plata como cancha” habría pasado desapercibido, entre tantos títulos sobre personajes políticos, si no fuera porque apenas llegó a las librerías Acuña lo intentó retirar del mercado con el argumento de que la frase del título estaba patentada. ¿Cuál fue el resultado? Que el libro se convirtiera en un superventas. Algo así espero que ocurra con esta sentencia: el Poder Judicial terminará por rectificarse, tarde o temprano cualquier corte internacional le dará la razón a Christopher Acosta. Porque revelar lo que se intenta mantener oculto es el sentido mismo del periodismo, lo demás es copy-paste.





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