Doña Carmen
- pedrocasusol
- 15 abr 2025
- 2 min de lectura
Escribe: Thalia Correa
Antonio es el nieto favorito de Doña Carmen. No es muy agraciado, pero sí es fuerte, parlanchín y muy gracioso, también es mujeriego, pero eso no le importa a su abuela. Al contrario, que esté rodeado de mujeres solo le demuestra a ella lo macho que es su amado nieto.
Desde que era muy pequeño visitaba todos los domingos a su abuela. Iban a parques, zoológicos, cines y plazas. Comían helados, reían, se tomaban fotos. Doña Carmen lo acostumbró a grandes propinas y él sin hacer nada se sentía merecedor. Así pasó su adolescencia.
Las cosas cambiaron cuando empezó la universidad, ya tenía 21 años cuando a su abuela le diagnosticaron cáncer de pulmón. Empezó el deterioro de doña Carmen, y Antonio se ocupaba ahora más que nunca de sus estudios. El tiempo se hizo cada vez más lento y pesado para ella y todos estaban muy ocupados con sus vidas. Ni sus hijos ni sus nietos querían pasar tiempo suficiente con ella. Contrataron a una enfermera para que la ayudara, a la abuela no le gustó la idea, siempre había sido muy independiente, pero entendió que necesitaba ayuda.
Doña Carmen, además de una tos permanente, empezaba a sufrir depresión. No entendía el desapego de su familia con ella. Siempre dio todo por sus hijos y ahora, cuando más necesitaba de ellos no estaban. A pesar de esto no pedía explicaciones. Apenas y hablaba, y solo quería comer golosinas y tomar gaseosa.
Un domingo al mediodía se emocionó al escuchar la voz de Antonio, tenía un mes sin verlo y él la abrazó muy fuerte. Lo extrañaba. Él le contaba sus nuevas aventuras y ella lo miraba emocionada, quería atesorar ese momento para siempre. Le dijo que la acompañará a su cuarto mientras le decía lo mucho que lo quería y lo tanto que le hacía falta. Él no respondió, le brindo una sonrisa floja y la acostó en la cama. Se despidió de ella con un beso en la frente y salió de casa. En realidad, había pasado a visitar a su abuela por obligación de su madre, era eso o perder la mesada de la semana.
Doña Carmen quedó nuevamente en compañía de la enfermera, pensativa. El lunes siguiente llamó a su abogado, necesitaba dejar todo preparado. No tenía más que hacer, solo ser responsable. Todos los bienes materiales que había acumulado en vida serían para la Fundación Peruana de Cáncer.





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