Día de la madre
- pedrocasusol
- 11 sept 2025
- 3 min de lectura
Escribe: Zaida Alegre
Sucedió en un año cualquiera, en una fecha especial: Día de la madre.
Josefina, que ya pintaba canas lo esperaba.
Primer año sin él, sin su hijo, el único varón, el favorito.
Estaba a la espera de su saludo, su corazón de madre le decía que ese saludo en algún momento llegaría.
"Madre, nunca te voy a dejar, siempre velaré por ti" le había dicho como anticipándose a lo que sucedería, el día que se fue a despedir, antes de partir en ese fatídico vuelo.
*
Días atrás Fernando, que vivía en un departamento contiguo al de su madre, había dispuesto todo: pasaje, documentos, ropa, alpargatas, los obsequios que llevaría, el itinerario de los lugares a visitar; ya había acomodado todo en su maleta para ese viaje de placer, sin saber que nunca llegaría a destino.
Había conocido a Sonia por internet, "en una página de esas", él decía. Tras año y medio de conversaciones, videollamadas, fotos y demás, decidió que era hora de conocerla en persona. Haría un viaje de seis horas y con ella al lado, decidiría si sería Sonia el complemento perfecto para acompañarlo toda la vida.
*
Fernando andaba por sus 40, divertido, alto, de sonrisa reluciente, ojos achinados de gato pardo y una musculatura que se marcaba en las prendas que usaba.
Su madre, Josefina, en su juventud, había sido esbelta, de espalda recta y caderas firmes, hoy, ya entrada en años y viuda; lucia cansada, jorobada y tropezaba al caminar.
Había tenido solo tres hijos: Macarena, Fernando y Eloísa, en una época en la que se tenían hijos de 6 en 6.
Ese día, Día de la Madre, en el departamento de Eloísa, ubicado en un 4to piso, estaba la familia reunida para almorzar. Entre conversaciones y recuerdos, Josefina no perdía esperanzas de recibir el saludo de su hijo y esta esperanza le daba consuelo.
*
El departamento de la menor de sus hijas era cómodo, ventilado e iluminado. Tenía tres dormitorios y tres baños. Pintadas de blanco las paredes, pisos de paquetón oscuro y grandes cuadros colgados en la pared. Maceteros colgantes y de piso que les daban frescura y color a los ambientes.
Ese día, Día de la madre, mientras los adultos almorzaban, estaban en la sala de estar (un ambiente anexo al comedor con vista externa), dos de sus sobrinos nietos, Nicolás de 10 años y Graciela de 9, revisando la colección de Pokémon.
*
Cuentan los niños, que el ingreso repentino de un pajarito a la sala de estar, por la ventana que no estaba del todo cerrada, los distrajo de su juego.El pajarito se deslizó por el estrecho margen que había quedado abierto entre el marco de aluminio y la ventana, tiró algo al piso, los rodeó volando y salió por el mismo lugar por donde entró. Sin golpearse, ni chocarse en la ventana.
En un inicio no le prestaron mayor atención a lo que había caído y siguieron revisando la colección de Pokémon ya que estaba completa. Pero a los segundos, lo que había caído del pico del pajarito se empezó a mover y ellos empezaron a observar. Se acercaron lentamente con cierta precaución y se percataron que era una mariposa arrugada de color entre naranja, amarillo y negro, que trataba de extender sus alas. Nicolás desde la sala de estar, gritaba hacia el comedor que había una mariposa en la estancia, que todos vengan a verla.Para los adultos, fue tema de conversación. “Cómo iba a llegar una mariposa a un 4to piso” decían unos. Otros manifestaban que las mariposas vuelan cerca de las flores, o llegan hasta muy pocos metros de altura.Al ver que nadie llegaba a verla, Graciela la subió a su dedo índice para llevarla… y así lo hizo.
Con la mariposa posada en el dedo índice de Graciela, la mariposa ingresó al comedor y terminó de extender sus alas. Era una mariposa Monarca. No tenia temor, no volaba y se sentía en confianza.
Josefina miró atentamente a la mariposa, sonrió, lo entendió y de sus gatunos ojos pardos, una lágrima cayó.





Comentarios