El gato en mi ventana
- pedrocasusol
- 18 ene 2025
- 2 min de lectura
Escribe: Mia Mendoza
A una pequeña niña llamada Izara, una noche como cualquiera, sus padres la mandaron a dormir. Ella se puso el pijama, se lavó los dientes y se fue a dormir, como de costumbre. Pasaron las horas y la niña se despertó sobresaltada, había tenido una pesadilla. Aún era de madrugada y no quería despertar a sus padres, no quería molestarlos.
Al mirar a su ventana vio posado a un gato negro, su sombra se reflejaba en el piso del cuarto, y la luz de la luna lo alumbraba. Sorprendida y quizá algo asustada decidió acercarse al gato. El gato mirando fijamente a la luna con unos ojos verdes brillantes volteo a mirar a la niña, se quedaron mirándose fijamente durante unos segundos cuando la niña empezó hacerle mimos. La niña se sintió acompañada por un momento, y le empezó a contar sobre su mal sueño al gato. Sorpresivamente el gato la entendía, pero la niña esto no lo sabía. De pronto el gato comenzó a hablar, como una persona normal diciéndole:
-Te entiendo, sé lo que es estar asustado por un mal sueño, pero no dejes que te asusten, son solo malos sueños que no se harán realidad, pero, nunca dejes de soñar, que los sueños algunos si se hacen realidad. Y no me refiero a los que tienes mientras duermes.
Izara confundida y asombrada pensó ¿cómo es que el gato habla? ¿Cómo es que me entiende? pensando que podía ser otro sueño que podría ser malo le pidió que no la asustara respondiéndole que jamás.
Al día siguiente pensando que había sido un sueño de los que se sienten tan real se volvió a dormir, teniendo otra pesadilla, despertando y encontrándose con el gato nuevamente, pero esta vez le preguntó “eres real” a lo que él le respondió que si ella creía que sí lo sería.
Al tercer día se volvió a dormir y se encontró con el gato otra vez, la niña le volvió a preguntar si era real y esta vez el gato le respondió: “Si decides venir conmigo lo sabrás”.
Cuarto día, se volvió a encontrar con el gato y le pregunto a qué se refería de ir con él. Él le respondió con un “no queda mucho tiempo, tienes que decidir si vas a venir conmigo”. La niña sin pensarlo mucho respondió con “sí”.
El gato le dijo que subiera al borde de la ventana, cerrara los ojos e imaginara el lugar donde más le gustaría estar. La niña cerró los ojos y se imaginó en una playa, donde el agua era celeste, la arena suave, un cielo despejado y clima cálido; era perfecto. El gatito le pregunta: “¿Por qué quisiste venir a este lugar?”. Ella le dijo que está playa tiene su recuerdo favorito con sus padres, y quería volver. El gato conmovido le dice: “sigue imaginando, sigue soñando y tus sueños se harán realidad”.





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