El lobo duerme en casa
- pedrocasusol
- 9 sept 2025
- 2 min de lectura
Escribe: Jennie Dador Tozzini
Esto no es un cuento. Es un fragmento de la vida de Claudina. Su historia, es la historia de tantas otras niñas usadas y descartadas. No sacudió al país, tampoco a sus vecinos y menos a su familia.
Tenía apenas seis años la noche que despertó en medio de la oscuridad. Sintió un líquido húmedo y baboso que corría por sus piernas hasta alcanzar los pies. Asco primero y temor, luego. No quería dejar de ser “un pimpollo” blanco y radiante, como la llamaba su madre. Lo último que recordaba era la voz de su padre, como cada noche, contando la historia del lobo que soplaba las casitas de los tres cerditos.
No hubo preguntas, ni comentarios. Todos supieron que ese denso líquido era la asquerosa humedad que mana del sexo. Asumieron que Claudina era muy niña, no lo recordaría. La familia se mantendría unida.
La pequeña Margarita siguió jugando y creciendo, y con ella su compulsión por limpiarse y limpiar el mundo. A veces, sin saber a qué atribuirlo, con un poco de incomodidad y una desazón que no resultaba fácil distraer con otros pensamientos, pero sí, con un poco de agua, jabón y cloro, compañeros incondicionales.
Como mujer virtuosa de la época, obedeció los designios familiares y salió de casa vestida de blanco y azhares, rumbo al altar, del brazo del lobo nocturno que perseguía cerditos. La presencia de un hombre en la vida de Claudina, le aseguraba, como mujer casada, protección y respeto en la comunidad. Lo que la familia agradeció. Además ¿qué hombre no sería feliz con una mujer joven tan limpia y hacendosa? Mientras las holgazanas, marchan por las calles proclamándose iguales a los hombres, dueñas de sus cuerpos y exigiendo el derecho al voto. Bien preciado y difícil de conseguir en tiempos de revolución sexual y libertinajes.
Claudina no protestó. Prestó su cuerpo cada noche e instaló al lado del lecho nupcial, como su abuela Ana, una palangana de blanco enlozado que la mantuvo por siempre limpia de aquella sustancia viscosa que su sexo de niña no logró retener.





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