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El siglo de "Ulises"

  • pedrocasusol
  • 12 feb 2022
  • 3 min de lectura

Escribe: Pedro Casusol


La crisis política me hizo olvidar que se cumplieron 100 años de una de las grandes obras de la literatura del siglo XX: el “Ulises” de James Joyce, cuya primera edición a cargo del sello de Sylvia Beach, Shakespeare & Co., llegó al autor el 2 de febrero de 1922, el mismo día en que cumplía 40 años. Se trata de la gran novela proteica que marcó un antes y un después en la literatura contemporánea, que descubre al hombre moderno a través de las miradas del joven Stephen Dedalus, del agente de publicidad Leopold Bloom y de su esposa Molly, a lo largo de un único día: el 16 de junio de 1904, de la mañana a la noche, recreando de manera simbólica el viaje homérico de la “Odisea”.


Considerada a veces como oscura e indescifrable, en su tiempo fue acusada también de inmoral. Es sabido que luego de la aparición de algunos capítulos en revistas como “The Egoist” y “The Little Review”, la censura clavó sus ojos en ella, por lo que era decomisada cada vez que intentaba entrar a Inglaterra o a los Estados Unidos. La edición de “Ulises”, en Francia, la convirtió en una novela afamada tanto por la censura como por la crítica favorable de autores como Ezra Pound, T. S. Eliot o Valéry Larbaud. A pesar de ello, sería denostada por nombres como Virginia Woolf, quien se negó a editarla en Hogarth Press, y tomada por cierto sector como un libro demasiado enrevesado, que dilata el tiempo en la descripción maniática de los detalles, presa un realismo tan extremo y totalizador que pretende, en sus casi mil páginas, plasmar la experiencia humana de un día en particular, en un lugar determinado.


Aquel día, el 16 de junio de 1904, fue la fecha en que James Joyce inició su romance con Nora Barnacle, a quien conoció en una calle de Dublín y con quien empezó aquel largo exilio voluntario que fue su vida conyugal en ciudades como Trieste, París y Zúrich, desde donde el escritor miró siempre a su ciudad natal. Dublín, la capital irlandesa, fue el gran tema recurrente de Joyce. Su primer libro “Dublinenses”, publicado en 1914, busca retratar el anquilosamiento del dublinés promedio, fiel reflejo de la experiencia vital del autor. Se trata de un conjunto de historias mínimas escritas de manera descarnada, a lo Flaubert, resaltando los aspectos más triviales de la vida cotidiana. Sin embargo, será “Ulises” la gran obra dublinesa por excelencia, la novela totalizadora y urbana en la que sus personajes deambulan por sus calles y por la ribera del río Liffey, donde ellos aman, cantan, beben, comen y defecan, guardan recuerdos e ilusiones.


En 18 capítulos, cada uno escrito con un estilo diferente, el libro adopta distintas formas expresivas y se transforma conforme va avanzando: es teatro, crónica, collage, parodia, relato costumbrista y un largo etcétera. Por momentos se convierte en una disertación filosófica o científica, ya que tiene también un afán enciclopédico. De todas las técnicas utilizadas por Joyce, la que más atrajo la atención de sus contemporáneos fue el llamado monólogo interior o “flujo de consciencia”, que consiste en suprimir la distancia entre narrador y personaje, presentándonos a los lectores el proceso mental del personaje. Como afirma Ribeyro: “Joyce formula, por primera vez, el pensamiento no formulado”. Así tenemos, por ejemplo, un tercer capítulo en el que se nos presentan las tribulaciones internas del joven Stephen Dedalus o el capítulo final, a modo de epílogo, en donde nos inmiscuimos en los pensamientos íntimos de Molly Bloom durante la madrugada, antes de conciliar el sueño junto a su esposo, en el lecho conyugal.


Luego de “Ulises”, Joyce decidió ir más allá para concebir “Finnegans Wake”, una novela experimental en donde el monólogo interior, las alusiones literarias, los neologismos y las asociaciones oníricas son llevadas al límite, dejando al relato sin argumento, trama o diseño de personajes. Publicada en 1939, será duramente criticada por el uso de un lenguaje llevado al extremo que parte del inglés para convertirse en un idioma apenas inteligible. Fue escrita durante 17 años, mientras luchaba con una hipermetropía que lo iba dejando ciego, y el resultado dividió a la crítica. Dos años más tarde, Joyce acabaría sus días en Zúrich, huyendo de la ocupación nazi de París. A un siglo de su publicación, “Ulises” sigue siendo una lectura inagotable para todo aquel que se anime a asomarse a sus páginas, como un viajero que sortea los peligros y las oscuridades. Una novela universal en la que vale la pena extraviarse.




 
 
 

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