Entre la desidia y el boicot
- pedrocasusol
- 7 nov 2023
- 3 min de lectura
Escribe: Pedro Casusol
Dicto clases de redacción y cada vez que abordamos el texto argumentativo, lanzo la siguiente idea: la selección peruana de fútbol debe desaparecer. Mis alumnos, jóvenes que crecieron creyendo que éramos la mejor hinchada del mundo, suelen reaccionar de la misma manera: desvían la mirada de sus smartphones, sus ojos se hinchan como globos y una sonrisa se dibuja en sus rostros, seguro motivada por tamaña transgresión. Pienso que la Federación Peruana de Fútbol debe disolverse, apunto para escándalo de mis alumnos, que empiezan a dirigirme miradas de desprecio.
Habiendo captado su atención, paso a explicar lo que es la tesis argumentativa: una idea controversial que debe ser defendida con ciertas estrategias de comunicación. Como de causa y efecto, que consiste en señalar las consecuencias positivas o negativas que podría generar determinado hecho o medida. Se trata de validar una causa por los posibles efectos que podría tener. Siguiendo esa premisa, pregunto a mis alumnos si no sería tremendo que, en lugar de que los patrocinadores inviertan en un deporte que nunca nos ha dado ni nos dará victorias importantes, lo invirtiéramos en otros en los que sí somos buenos. Nunca falta el chico o chica que levanta una mano y me dice que es cierto, que sí somos buenos en vóley, y yo continúo con una lista que incluye surf, carrera de larga distancia, marcha atlética, tiro, esquí acuático, skate, tenis y ajedrez.
La misma realidad parece haberme dado la razón la semana pasada, cuando se reveló el maltrato sufrido por el maratonista Cristhian Pacheco, bicampeón de los Panamericanos que llegó a Lima con su medalla de oro y el orgullo de ser el campeón peruano que nos representará en los Juegos Olímpicos de París, solo para sufrir el desplante del Instituto Peruano del Deporte (IPD) y de su propia federación. El retorno de Cristhian Pacheco a Lima debe ser uno de esos capítulos “macondianos” a los que los peruanos ya nos hemos acostumbrado: ni un miserable taxi le mandaron, ni un funcionario del gobierno se dignó a esperarlo en el aeropuerto. Era como si no existiera, como si bicampeones de atletismo nacieran todos los días. ¡Ah, pero si hubiera sido Oliver Sonne!
También dicto un curso de Historia de los Medios. A ellos les intento hacer entender la función del periodismo en toda democracia, la influencia de los mass media y el interés de cualquier régimen autoritario por controlarlos. Los mando a leer libros y ver películas sobre el tema, principalmente porque forman parte de una generación teledirigida que piensa que puede informarse viendo TikTok. No me canso de hacerles notar su error y trato de explicarles conceptos básicos como veracidad, uso de fuentes de información y periodismo independiente. Hago un poco de historia del Perú: desde la dictadura militar de Juan Velasco confiscando los principales diarios limeños hasta José Enrique Crousillat recibiendo, de manos de Vladimiro Montesinos, una torre hecha de fajos de billetes por la venta de la línea editorial de “América Televisión”.
Los problemas comienzan, les explico, cuando la información es vista como mercancía al servicio de intereses particulares. Los medios se convierten entonces en empresas y los periodistas en meros redactores de noticias al por mayor. Por suerte, todavía existe uno que otro medio independiente que asume este trabajo como un oficio noble a favor de la gente y no como un mecanismo de manipulación política. Lamentablemente, son una especie en extinción. Este semanario es un ejemplo de ello* y no lo digo porque tengo el privilegio de ser colaborador, sino porque se trata de una rara avis que aún en estos tiempos continúa apostando por un verdadero periodismo de investigación.
Pero hace un tiempo que este semanario viene sufriendo el ataque de la piratería, otra forma de boicot. Si estás leyendo esto desde un PDF pirata, es momento de parar. Corre al quiosco a comprar la edición física, suscríbete a la edición web, dona a través de la billetera electrónica. No le quiero tener que explicar a mis alumnos que la última revista que profesa amor a la palabra escrita corre el riesgo de desaparecer.
*Esta columna apareció originalmente en el semanario "Hildebrandt en sus trece".





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