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Hermanas

  • pedrocasusol
  • 18 may 2024
  • 2 min de lectura

Escribe: Thalía Correa


Todavía estaba en el proceso de entender cuánto ella necesitaba de mí. Muchas veces me costaba entender por qué ella necesitaba que la gente hablara como disco rayado. Cuando digo gente, me refiero a mí. Siempre quería que le contara alguna historia nueva, atravesaba su cuarto solo para decirme: ¿qué hay de nuevo? Yo no entendía y muchas veces renegaba para mí: ¿cómo es capaz de preguntarme eso? Yo acababa de salir de su cuarto un par de minutos atrás y le había contado todo lo que me había pasado en el día.


La miraba mientras tenía diálogos internos, no entendía si solo estaba bromeando. Ella se quedaba en blanco, en silencio, mirándome fijamente, de verdad quería más información. Entonces yo dejaba lo que estaba haciendo y empezaba a repasar si algo había faltado. Para suerte de ella y alivio mío, siempre conseguía algo que contarle. Empezaba yo con mi relato, pero esta vez teniendo en consideración cada mínimo detalle. Ella escuchaba con mucha atención y generalmente se reía, decía que no era posible lo que le contaba y se iba caminando lentamente de regreso a su cuarto.


Yo la miraba y rápidamente olvidaba el suceso, continuaba con lo que estaba haciendo, pero ahora que lo recuerdo, era como un principito y yo el niño crecido ocupado con la vida misma.


Todavía me pide historias, pero ya con menos frecuencia. Supongo que se convirtió en niño crecido también. Le era difícil saber qué quería hacer por y para ella, no se decidía por ninguna carrera, y ya le pasaba factura el sentimiento de no haber hecho nada para ella siendo tan inteligente.


Yo entendí que necesitaba un empujón, por eso le dije que vaya a la India. Era algo que ella quería hacer desde hace mucho tiempo. No fue fácil, y lo dudó demasiado. Cuando lo hizo, quería regresarse. No habían pasado ni cuatro días, me llamó llorando y dijo: ¡me quiero devolver! No me gusta la comida, la gente no entiende mi poco inglés y yo a ellos tampoco, no tengo nada que hacer aquí, me devuelvo a casa. A lo que yo solo le respondí: claro que sí, en tres meses, que es cuando vence tu pasaje.


Se quedó, fue valiente y vivió nuevas experiencias en esos tres meses. La India al final se había convertido en su país favorito y ahora cada vez que cuenta su experiencia, lo describe como la mejor experiencia que había tenido en su vida.



 
 
 

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