La caída de Saul Goodman
- pedrocasusol
- 30 ago 2022
- 3 min de lectura
Escribe: Pedro Casusol
Creo que fue Alberto Fuguet quien dijo, a inicios de este siglo, que las series de televisión habían pasado a ocupar el lugar de las grandes ficciones populares, como antes lo habían sido las novelas de folletín. Si la memoria no me falla, lo dijo a propósito de las dos series que marcaron el gran salto de calidad: “The Sopranos” y “The Wire”. No le faltaba razón, veinte años después se graban más series de las que podemos consumir, y ese exceso en la oferta es el pinchazo que ha reventado la burbuja de las plataformas de streaming como Netflix y HBO Max. Nunca en la historia de la humanidad se han producido tantas series como ahora, y algunas de ellas constituyen verdaderas obras de arte.
La más reciente se llama “Better Call Saul” y su capítulo final, emitido la semana pasada, ya es considerado un cierre perfecto para el spin-off de “Breaking Bad”, para muchos la joya de la corona, la mejor serie de televisión de todos los tiempos. “Better Call Saul” toma algunos personajes para desarrollarlos de manera independiente, sobre todo a su protagonista, el abogado sin escrúpulos Saul Goodman, quien aparece por primera vez en el octavo episodio de la segunda temporada de “Breaking Bad”. Pensado para que dure apenas cuatro capítulos acompañando a Walter White, el profesor de química que se convierte en el despiadado Heisenberg, el simpático abogado de trajes coloridos fue ganando terreno hasta convertirse en un personaje importante, brazo legal y financiero del más grande narcotraficante que haya visto Nuevo México.
Si “Breaking Bad” es el descenso a los infiernos de su protagonista, un hombre promedio que se rebela contra la vida y el sistema luego de ser diagnosticado con cáncer terminal, harto de la mediocridad y del abuso de su entorno, “Better Call Saul” deja un resquicio para la expiación. Cronológicamente es una precuela, ya que nos muestra los orígenes de Saul Goodman cuando este todavía es Jimmy McGill, un abogado venido a menos que vive bajo la sombra de su hermano, el correcto y exitoso Charles, el mismo que es aquejado por problemas mentales. Estrenada en 2015, se diferencia de su antecesora en el ritmo y el tratamiento de los personajes. Saul Goodman no es Heisenberg, no tiene ni la brillantez ni el arrebato o la sangre fría del protagonista de “Breaking Bad”. Jamás podría asesinar a alguien, lo suyo son las triquiñuelas legales y callejeras. Es más bien una rata capaz de sobrevivir, aunque al final termine hundida en el fango.
“Better Call Saul” no es una serie sobre mafias del narcotráfico o bandas criminales que se disputan los territorios de Albuquerque, la gran metrópolis en medio del desierto de Nuevo México. Es en realidad un meticuloso estudio de personajes: la transformación de Jimmy en el extravagante Saul Goodman; la caída en desgracia de Kim Wexler, novia y excolega del protagonista; la autodestrucción de Charles McGill y el trágico final de su socio, Howard Hamlin. La razón es sencilla, los espectadores ya sabemos cómo va a terminar. Hay incluso saltos al futuro, escenas en un melancólico blanco y negro en donde vemos la triste vida de Jimmy luego de los acontecimientos de la serie anterior. Vince Gilligan, el guionista y creador del universo “Breaking Bad”, no tiene ningún apuro. Se toma unas seis temporadas en mostrar la transformación de Jimmy McGill. Aunque el verdadero arco dramático de la serie va a recaer sobre Kim Wexler, magistralmente interpretada por Rhea Seehorn.
“Vince Gilligan pensó en todo” es una frase recurrente estos días, porque buena parte del encanto de esta historia radica en que todo encaja a la perfección. Estamos ante una serie que trata con inteligencia a sus espectadores, gente atenta a los pequeños detalles que construyen un universo verosímil. Tres frases de Saul Goodman en el episodio de su aparición en “Breaking Bad” dan cuenta de los acontecimientos ocurridos en “Better Call Saul”. Y los capítulos finales, cuando vemos las consecuencias nefastas de las decisiones de sus protagonistas, podrían utilizarse en un curso intensivo de narratología. El salto que nos trae al presente gris confirma que nuestro antihéroe es un árbol torcido capaz de salirse con la suya incluso en las peores circunstancias, hasta que el recuerdo de una vida pasada lo empuja a buscar su redención. La caída de Saul Goodman tal vez sea la última gran historia de la era de las plataformas de streaming.





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