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La discusión

  • pedrocasusol
  • 6 oct 2024
  • 1 min de lectura

Escribe: Thalia Correa


-¡Fátima, necesito que me digas que me perdonas!


Ella no contestó, lo veía inmóvil, con la mirada fija y cristalizada.


-¡Dilo, por favor!


Fátima guardaba silencio, Felipe no entendía. Siempre se hablaban sin importar las rabias. Era una de sus reglas.


Habían pasado días y ella no le dirigía palabra. Esa tarde, Felipe le preparó una causa de langostinos, era su comida favorita. Lo hizo como gesto de paz. No podía molestarse tanto tiempo, eran mejores amigos. 


Cuando terminó le llevó su plato, la vio desde lejos nuevamente y quiso acercarse, pero no pudo dar un paso más. Se le erizo la piel, le dio nauseas el olor a carne en descomposición que emanaba la habitación, y comprendió finalmente que su compañera de hace 45 años nunca más le hablaría.



 
 
 

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