La sonrisa
- pedrocasusol
- 17 ago 2025
- 3 min de lectura
Escribe: Cecilia Fiestas Urquizo
Pues mientras uno va llorando por el camino, una sonrisa se perfilaba. Acaso esta se burlaba del dolor o solo para arrancar una mejor sonrisa. Yo volteo, es mi amiga, la mejor de todas. Se llama Soledad. Me acompaña desde siempre y sabe que las dos somos una sola persona.
Para iniciar el relato, bastará con decirte que mi nombre, prefiero dejarlo en el anonimato. Últimamente, he sentido la necesidad de hablar con alguien. ¿A lo mejor eres tú?
Solo puedo decirte que mi historia, o la que pretendo contar, comenzó cuando vi partir al que creía era el amor de mi vida.
—¿Te vas?
—Sí, es lo mejor.
—¿Por qué´dices eso?
—Porque, si me quedo un minuto más, no podré dejarte ir.
—Creo que le tienes miedo a enamorarte.
—No me analices, eso déjalo para los médicos.
—Amor, ¿en verdad, te irás?
—¿Acaso lo dudas?
—Tiemblo de solo pensarlo.
No pudo terminar la frase, un golpe seco se oyó tras de sí. Era la puerta y él ya no se encontraba en la habitación. “De seguro, regresa dentro de poco”- mantuvo ese pensamiento por muchísimas horas, frotándose las manos; el frío arreciaba en la habitación.
Las horas pasaban, él no regresaba. Una lagrima empezó a emerger de su lánguido rostro. Sacó un pañuelo de su bolso, se lo llevó a su rostro y se secó. “Este pañuelo me lo regaló hace casi un año, no he llorado nunca, pero esta es mi primera vez”.
Trató de tranquilizarse. Si su amado regresaba, ella se pondría feliz. “¡Volverá!”, menudo pensamiento. Caminaba por la habitación, la ropa en el suelo, y la tv encendida. “Lo extraño, lo amo, es mi mundo”. El tiempo que estuvo allí, se hizo una eternidad.
No volvió a saber de él, no hubo llamadas, ni mensajes de voz, ni siquiera actividad en las redes sociales. “Pareciera que no quiere ser ubicado”. La noche sigue avanzando, igual que los años.
Del otro lado, él estaba ahora en su nueva casa. La compró con sus ahorros. “Queda cerca de aquí, algún día te la mostraré, es mi nuevo refugio”. Sonreía mientras cogía el sueño. Sonreía, como los inocentes, su broma se convirtió en realidad. “Ella y yo no podemos estar juntos, ni siquiera sabe lo que me pasa, pero es lo mejor, siempre tan servicial, tan dispuesta a sacrificarse. No me merece a un tipo como yo”.
La noche iba avanzando y él dormía plácidamente.
Han pasado muchos años, ella todavía le recuerda. Piensa en la suerte, en el destino. La esperanza es lo último que desaparece.
Una ligera sonrisa nuevamente se perfila en su rostro; ya no es joven, pero sigue siendo bella. “¿Qué estará haciendo? A lo mejor piensa en mí. Luna, dile que lo amo”. Sonríe como un ángel, porque así debe comportarse. La sonrisa es ahora su amiga, se lama Soledad; se mira ante el espejo, nueva arruga, algo de cabello blanco, alma juvenil, se resiste a morir. “Salió a pasear y se le olvidó la llave, pero volverá”.
Del otro lado, de la ciudad, él extraña a su amada, sentimientos encontrados. “Me fui para buscar la felicidad, ahora estoy solo. El frío recorre mi cuerpo, y ella, debe estar buscándome”.
Acompaño a la desconocida, sonríe y yo hago lo mismo. A lo mejor, es hoy. Vuelve el amor y vuelve la sonrisa.





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