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Me compré un Kindle

  • pedrocasusol
  • 9 jul 2023
  • 3 min de lectura

Escribe: Pedro Casusol


Una era está llegando a su fin… me compré un Kindle. Quienes me conocen saben que soy una persona bastante ortodoxa, partidaria de las rutinas y de los rituales, sobre todo en lo concerniente a mis hábitos de lectura. Por eso mismo, nunca imaginé que aceptaría alguna vez los libros electrónicos; para mí, leer implica aquel contacto físico que solo puede proporcionar una encuadernación rústica: me gusta doblar el libro, maltratarlo un poco, plegarlo por la mitad cuando lo leo, echado en mi cama o tendido en un sillón. Siempre me han incomodado los libros en PDF. Incluso en las épocas universitarias, cada vez que he emprendido la lectura de un documento en digital, he terminado enviándolo a imprimir. Porque la pantalla no me parece propicia para la lectura. El brillo maltrata la vista y la web abre las puertas a un universo de distracciones.


Ocurre que la biblioteca que he acumulado en mis treinta y muchos años de vida se ha salido de control. Además del estante de mi cuarto, una pila de libros reposa en mi mesa de noche y otra ruma espera sobre una silla, y como soy un comprador compulsivo, otras decenas de libros pasaron a vivir en mi guardarropa, entre camisas y pantalones. Eso sin contar la enorme biblioteca que albergo en la casa de mis padres, con libros heredados de ellos y de mis abuelos. Guardo ediciones de tapa dura de los grandes clásicos, libros ilustrados de cuentos y leyendas, una edición antigua de la “Historia de la República del Perú” de Basadre. A pesar de tener varios estantes, hemos terminado por guardar libros en cajas, entre ellos, los que tengo que usar para mi tesis, y una colección de revistas y más libros en uno de los roperos de mi antigua habitación.


No contemplé la posibilidad de usar uno de esos e-readers hasta aceptar mi problema, de que el espacio físico es limitado pero mis ganas de leer no. Solo después de tener en mis manos uno de esos aparatos, una especie de “tablet” ligera con una pantalla especial con una tecnología llamada “tinta electrónica”, capaz de replicar la textura del papel con una fidelidad sorprendente, acepté que compraría uno. Hace poco llegó y debo admitir, contra todo pronóstico, que el aparato ha revolucionado mi vida. Desde entonces no he vuelto a abrir un libro físico y la ruma de títulos por leer continúa empolvándose en mi mesa de noche. Me hace pensar en lo que decía Raquel Jodorowsky sobre el futuro de la literatura: “La poesía dentro de 100 años existirá en tubos proyectables”.


Un Kindle no es precisamente un “tubo proyectable”, pero me permite acceder con toda comodidad a un infinito océano de información liberada en internet. Me habían hablado de las plataformas que permiten acceder a toda clase de libros en formato digital, ePub o similares, pero descubrirlo por tu cuenta es asombroso. Así que me pasé toda una tarde buscando libros en “Library Genesis”, el famoso motor de búsqueda que permite descargar miles de e-books. El sueño cumplido de Aaron Swartz o Alexandra Elbakyan. Ahora, en este pequeño aparato, guardo una biblioteca tan vasta como la de la casa de mis padres, ocupando menos de la mitad de su almacenamiento en gigabytes. Qué lejos me parece el invento primigenio de Gutenberg.


Pero no me malinterpreten, nada de esto significa que vaya a dejar de comprar libros o que me voy a deshacer de mi biblioteca a plazos. Una cosa no implica la otra. Mis amigos editores y mi librería favorita pueden respirar tranquilos. Solo me estoy adaptando a las nuevas posibilidades que ofrece la tecnología. En lugar de enviciarme con el TikTok y sus vídeos de gatitos tocando el piano o utilizar Twitter para pelearme con gente a la que ni conozco, me entrego a esta búsqueda de conocimiento que motivó a Tim Berners-Lee a crear ese universo al que llamamos web, y que, se suponía, era una herramienta para el libre intercambio de saberes. La extrapolación de la revolución “gutenberguiana”. En fin, tal vez lo único que le falte a los e-books sea recrear el olor de un libro viejo; aquel aroma dulce que solo se consigue con el tiempo, como el vino añejo.





 
 
 

1 comentario


chabela69
27 ago 2023

Hola. En abril de 2022 me compré un Kindle Paperwhite 2018 (10ma generación) completamente nuevo en caja: puesto en mi casa en Lima, incluido el estuche, me salió en 311 soles, más barato que comprarlo en la misma Amazon. Lo compré con enorme desconfianza y solo por razones de precio, definitivamente no arriesgaba más de 300 soles. Ni hablar. Solo había visto estos dispositivos en vídeo y desconocía su poder y versatilidad. Tenía la duda si aceptaba archivos provenientes de epublibre.org que tiene una biblioteca de más de 60 mil títulos (casi todos piratas y que tiene un fallo en una corte española que evita que los distribuidores de internet permitan que esta web pueda ser accedida, lo que parec…


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