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¿Quién ama a Fito Bissi? (XX)

  • pedrocasusol
  • 13 mar 2025
  • 7 min de lectura

Capítulo 20: Consecuencias


Escribe: Rony López


Grabar las escenas en las que empezaba a consumir drogas fue más difícil de lo que imaginaba. Por un momento pensé que todos estaban pendientes de mí y perdía la concentración fácilmente. El director de la telenovela paraba todo, íbamos al camerino y me daba indicaciones para desarrollar la escena. Al finalizar, me abrazaba y reiteraba su confianza en mí. Estaba empezando a aburrirme con todo.


Entré al camerino y empecé a escuchar Azúcar y Maldad a todo volumen. Muchos días evité conversar con Antonella. Aún estaba resentido con ella, no podía creer que me había rechazado por segunda vez desde su regreso. También pensaba en Fito Bissi y nuestra última conversación. Sin embargo, mi mente me recordaba a Dexter y su cuerpo tallado. El único compromiso que tenía con él era tirar y meternos unas líneas. Me gustaba eso porque por un momento era libre, nadie me decía qué hacer y no me sentía obligado a sentir nada.


-¡Dios! Hace años que no escuchaba esa canción – dijo Antonella entrando al camerino.

-Ya sabes que me gusta el pop – comenté mientras buscaba el libreto del día.


-Sólo a ti te gusta este tipo de canciones. O al menos, eres el único que lo reconoce públicamente.


Hice como si no hubiera escuchado y me senté a leer el libreto. Miré a Antonella, sonreí para que no pensara que estaba enojado. Si ella actuaba como si nada hubiera pasado, yo podía hacer lo mismo y con mayor garbo.


-¡Basta, Rudy! Entiendo que estés resentido, pero tampoco es para que me trates así.


-Estoy tratando de concentrarme.


-Mira. Las cosas entre los dos van bien, no lo arruines por algo que no entendiste. Yo no te he rechazado, sólo te he pedido tiempo.


-Perfecto. Tómate el tiempo que quieras, pero no estés tan segura de encontrarme cuando te decidas.


-Estás actuando muy raro. Tú no eres así, Rudy.


Una vez más volví a coger el libreto y pasar las páginas. Me incomodaba la situación porque no sabía qué decir y cómo disimular lo decepcionado que estaba. Siempre fui poco tolerante a la frustración. Las cosas debían y tenían que ser como yo las imaginaba, y si no era así, prefería dejar todo y escapaba.


-Hay una obra de teatro que quiero ver desde hace tiempo. Al terminar de grabar podríamos ir y luego a comer algo – propuso Antonella.


-Tengo otros planes.


-¿Puedo saber qué tipo de planes?


-He quedado con Ángela, la prima de Gary…


-Sé a quién te refieres. La conozco. ¿Por qué sales con ella?


-Porque es mi amiga, me cae de la puta mare y me divierto.


-¡Bueno! Cuando se te pase el berrinche, avísame y hacemos algo. ¡Ojo! Yo también me puedo cansar de esperar.


Antonella salió y sin perder tiempo cogí el celular para llamar a Ángela.


-¡Rudy! Dime al toque que estoy por entrar a una sesión de fotos.


-Por si acaso hoy tenemos una cita.


-Ok… ¿debo fingir algo?


-Luego te explico. Quien te pregunte, hoy tenemos una cita, que lo hemos planeado desde hace días.


-Llama a Dexter y dile para salir los tres.


-Solo tú y yo.


Colgué el teléfono, cogí el libreto y fui al set para empezar con la grabación. Las horas se hicieron eternas. Dexter me había llamado varias veces y le envié un mensaje diciéndole que no podía verlo hasta muy de noche. Al terminar el día de rodaje, me cambié lo más rápido que pude, no me dio tiempo de quitarme el maquillaje porque Ángela me esperaba en la puerta, montada en su auto rojo, fumando y bebiendo agua mineral.


-A ver, corazón… si quieres que sea tu pantalla, desde ya te digo que no.


-Pensé que era un buen prospecto de galán – dije mientras me colocaba el cinturón de seguridad.


-Si no te conociera tanto, tal vez en una noche de juerga me iría contigo, sobre todo ahora que estoy retirada del amor.


-¡Gracias! Aunque mucho homenaje no me haces.


-¿Cuál es tu conflicto existencial de la semana?  


Estaba por responder, cuando Armando apareció de la nada y se apoyó en la ventana del asiento donde yo estaba. Golpeó las lunas y me asusté demasiado. Sonrió con malicia y quise pedirle a Ángela que arranque el auto a la mayor velocidad posible.


-¡Kurt Cobain y Amy Winehouse! Ustedes pueden ser la pareja del año


-Estoy reservándome para ti, amorcito – dijo Ángela.


-Por favor, ni el asiento me has reservado – respondió Armando.


-Tu hermana debe estar en maquillaje – comenté.


-No vengo por ella. Vengo por ti. Baja y hablemos un rato.


Sentí mucho temor al escucharlo. Había seriedad en su voz, algo fuera de lo común en Armando. Su presencia siempre me generaba estado de alerta. Era inevitable. Armando jamás ocultó que me odiaba. Bajé del auto dispuesto a enfrentarlo si era necesario.


-Habla rápido que tengo muchas cosas que hacer.


-Álvaro te mintió.


-¿De qué hablas?


-Cuando tengas tiempo y valor, búscame y te cuento con detalle.


-Tu hermano no miente.


-Yo estuve en casa todo el tiempo.


-¿Por qué debería creerte?


-Si mi hermano no estuviera involucrado, hace tiempo te hubiera destruido públicamente.


Armando no dijo nada más. Volvió a su auto y se fue. Me quedé perplejo, mientras Ángela me pedía que regresara al auto. Le pedí que me dejara solo y empecé a caminar queriendo olvidar las palabras de Armando. Ella me seguía con su coche, pidiendo que vuelva, sin saber qué pasaba. Tuve mil palpitaciones en el pecho. La herida se abría más y más.


-¿Qué te dijo? ¿Por qué estás así? – preguntó Ángela al bajar del auto.


-Me mintió. Álvaro me mintió – dije al detenerme.


-¿Con qué te mintió? No entiendo nada


-Si pasó algo más entre nosotros ese día. Armando lo vio todo.


-Armando siempre busca la manera de como joderte y lo logra.


-Tengo que hablar con Álvaro ¿me llevas?


-¡De ninguna manera!... Ya olvídate de ese tema


Rabié en medio de la calle. Tenía mucha confusión y no sabía qué hacer para borrar todo de mi mente. Mi vida era así, cerraba una puerta, pero se abrían quince ventanas. Si tan solo hubiera tomado la decisión de desconectarme a tiempo, de mirar todo desde lejos, hubiera encontrado las respuestas que en ese momento necesitaba. Mario, mi psicólogo, dice que recién estoy listo para cerrar todo ese ciclo. Eso es lo que más deseo.


-Ahora, dime ¿Por qué me invitaste a salir esta noche? Y dime la verdad.


-Nada. Solo quería que Antonella nos viera juntos.


-Te repito que no pienso ser tu fachada.


-Tampoco quiero que lo seas. Solo que me dijo para salir y para no aceptar le inventé que estaría contigo.


-Que ganas de complicarte la vida.


Me senté en el sardinel. Ella hizo lo mismo. Soy un especialista en complicarme la vida. Ahora trato de simplificar todo. 


-¿Qué te atormenta tanto? – preguntó Ángela.


Sabía que no era ni el lugar, ni el momento para hablar de eso. Me hice el fuerte y le pedí que no se preocupe. Me llevó a casa, al despedirse me dio un beso en cada mejilla y acarició mi rostro con sus manos. Me disculpé por haberle hecho perder su tiempo, y me dijo que no pasaba nada.


Entré a mi departamento y me tiré en el sofá. En ese momento quería que mi mente se quedara en blanco, resetear todo desde mi niñez. Había cometido muchos errores, y mi mente me decía que el mayor error de mi vida era yo.


El delear no respondía mis llamadas. Empecé a dar vueltas por el departamento como un león enjaulado. Lo único que tenía para calmar la ansiedad era una botella vodka. Hasta los cigarrillos se habían acabado. Esa noche no oude dormir de tanto pensar.


Ya había amanecido, tomé una ducha, bebí cuatro tazas de café y un redbull helado. No me provocaba comer nada, al llegar a la locación, volví a tomar otro red bull. Me senté en medio del jardín para repasar el libreto, cuando recibí un mensaje del delear; me decía que podía verme desde el mediodía. Toda la mañana estuve inquieto, quería salir de ahí lo más rápido posible. Antonella no me hablaba y Marita Perales nos supervisaba. Era un prisionero de mi ansiedad y lo único en lo que pensaba, era en ir a mi casa para jalar unas líneas. 


-Hola, Rudy. Estás con una cara de terror ¿Qué pasó? – preguntó Jano.


-Insomnio, amigo. Toda la noche he conversado con el techo – respondí.


-Descansa en el camerino. Tenemos para rato. Vamos a repetir las últimas escenas de ayer.


-¿Qué? ¿Por qué?


-El imbécil de sonido tiene la culpa.


-Puta mare… no sé si aguante. Estoy hecho trizas.


-Por eso mismo ve a descansar y no hagas enojar a Marita, anda más estresada que de costumbre.


-Estoy muy cansado, necesito dormir.


-Bienvenido al mundo de las telenovelas. Una vez grabé de seis de la mañana hasta las tres de la madrugada del día siguiente.


-Voy a enloquecer.


Jano me dejó más ansioso, de solo pensar que debía quedarme pasada la medianoche, hizo que me doliera el pecho, un dolor agudo como si me clavaran un alfiler varias veces. Otra vez experimenté un hormigueo en la frente. Mi cuerpo necesitaba cocaína, iba a desfallecer si no inhalaba. Ya no podía pensar en nada más.


Regresé al camerino agitado e intenté descansar, pero era imposible. Pensé en llamar al dealer para que me diera el encuentro en la casona donde grabamos la telenovela. Me contuve. No me convenía, alguien podía descubrirme. Estaba angustiado, quería irme a casa y quería hacerlo pronto.


Sigiloso salí del camerino y subí hasta la mitad de la escalera que llevaba a la oficina de producción. Me detuve, no hice ruido, miré alrededor para cerciorarme de que nadie estaba mirándome. El celular sonó, era Dexter. No respondí. Volví a mirar alrededor, había dos asistentes de producción distraídos con la pauta de rodaje. Respiré hondo y pisé en falso a propósito y rodé varios escalones.



 
 
 

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