Sin mirar atrás
- pedrocasusol
- 18 may 2024
- 2 min de lectura
Escribe: Aquiles Muñoz
Siendo una noche como cualquier otra, me encontraba paseando con Kira por el parque. Para quienes no lo sepan, Kira es mi leal mascota, siempre está a mi lado. Pero lo peculiar de este momento no trata sobre nosotros, sino de lo que fuimos testigos. Eran casi las 4:30 a.m., ya nos encontrábamos retornando a casa cuando, de pronto, empezamos a escuchar risas que provenían de una parte casi boscosa y un poco oscura. Al acercarnos, vimos cómo Adriana, una chica del vecindario siempre tímida y muy callada, bailaba con un joven a quien no pudimos ver bien el rostro por la hora. Reían felices y despreocupados de que alguien pudiera oírlos, pues, para ser sinceros, solo nos encontrábamos los cuatro en el parque en ese momento. Sin darles tanta importancia, decidimos seguir con nuestro camino. Casi al llegar a la esquina, nos pareció ver al joven que bailaba con Adriana corriendo del parque, pero en una actitud bastante sospechosa y peculiar. Decidimos ver a dónde se dirigía y, junto con Kira, nos acercamos a él lo más rápido que pudimos, pero al llegar, simplemente ya no estaba. Solo le llevábamos 4 o tal vez 5 metros de distancia y, de repente, en un abrir y cerrar de ojos, el joven se esfumó. No podíamos comprender cómo logró desaparecer teniéndolo frente a nosotros. En ese instante, miré a Kira y ella me miró, ambos con rostro perplejo. Luego de unos segundos, decidimos continuar con nuestro paseo. Ya cerca de casa, pasamos por la calle donde vive Adriana y, al dar la vuelta, ella apareció con los ojos hinchados, como si hubiera llorado durante días sin consuelo alguno. Le pregunté si andaba bien y solo atinó a decirme que no era mi problema. Insistí en saber si el joven con el que había estado hace un momento en el parque le había hecho algo, que podía apoyarla si así ella lo deseaba, pero simplemente repitió que no era mi problema y, entre lágrimas, se fue corriendo, dejándome nuevamente perplejo junto a Kira y sin saber cómo reaccionar después del extraño momento. Por la hora, decidí acercarme a su casa y contarle lo sucedido a sus padres. Al llegar, en la entrada de la casa encontré arreglos florales. Ingresé y su madre me recibió llorando. En ese momento, volteé a ver a Kira y sentí que ella, al mirarme, se encontraba igual de impactada que yo. Abracé a su madre y enseguida le conté lo sucedido. Solo causé más dolor en ella. La noche anterior, mientras Adriana y su novio paseaban en auto, ambos tuvieron un accidente. El joven, por intentar no verse envuelto en el problema, huyó del lugar pensando que Adriana ya había muerto, sin darse cuenta de que tuvo la oportunidad de salvarle la vida.





Comentarios