Sororidad
- pedrocasusol
- 8 oct 2025
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Escribe: Milagro Del Rosario Concha Del Carpio
Ya eran casi las doce, Roberta aún no había hecho las compras, tampoco sabía lo que iba a cocinar, cada día se le hacía más difícil definir el menú del día. Se puso a pensar toda la mañana mientras estuvo limpiando en sus ex enamoraditos de juventud. En Ludgardo Choque especialmente.
Muy bueeeno había sido conmigo, realmente estaba muy enamorado de mí, en ese entonces no lo supe valorar, ese Lud era muy alegre y biennn trabajador, pensaba Roberta.
Pero nos teníamos que esconder de mi papá. Ay, si mi papá se enteraba que yo tenía enamorado me mataaaba, me molía a palos como lo hizo una vez con mi hermana la Yohana. Es que la Yohana se pasaba, era muy fresca, caminaba desde el colegio abrazada con el José hasta la casa, tooodos los días hasta que mi papá un día que justito llegaba de dejar licor en la sierra la vio desde encima de su yegua y con las riendas del animal le dio bien duuuro, tuve que ponerme delante de ella para que no la masacrara y me cayeron varios golpes por defenderla. Qué será de la Yohana, mi hermanita querida, desde el día en que se fugó de la casa de mis padres no la hemos vuelto a ver. Ay diosito que esté bien mi hermanita.
A Roberta lo único que la tranquilizaba un poco era que su hermana le había escrito hace más de tres años una carta donde le decía que estaba bien y había conseguido trabajo en un circo como guaripolera, bailarina y a veces como ayudante de mago. No le pagaban muy bien, pero tenía comida y cama.
Pero ¿Por qué ya no escribía?, se preguntaba Roberta.
De tanto pensar en esas cosas, a la mujer se le hacía tarde para cocinar, ya casi era la una. Ay, diosito, tengo que cocinar rápido porque el Juan va a llegar y no va a encontrar la comida lista y se va enojar conmigo. Todos los días se queja este hombre de algo de lo que hago. Dice que me va a dejar porque no le doy hijos o porque hasta ahora no aprendo a cocinar bien, que yo trago demasiado por eso estoy tan chancha. ¿Por qué últimamente el Juan se comporta así conmigo? Antes había sido tan bueno y cariñoso, por eso lo dejé al Ludgardo, es que el Ludgardo no era tan cariñoso, pero me quería, se notaba, aunque también, pa decir la verdad, Juan era un mejor partido. Su papá tenía hartas chacras y vacas lecheras, en cambio el Ludgardo sólo era jornalero, pero era muy bueno y muy guapo, me gustaban sus ojos cafés grandotes y sus cejas negras, su sonrisa blanca, era alto, grueeeso, me sentía una princesa cuando me cargaba y mis pies llegaban hasta sus rodillas. Y yo le decía bájame, bájame, Ludgardo, pero en realidad mentía, quería quedarme ahí en sus brazos eternamente.
Todos en el pueblo me decían que no me meta con el Juan, que el Juan estaba loco y que sus hermanas eran unas brujas, y de verdad el Juan tiene cinco hermanas y bien malas, parecen unas brujas malvadas, creo que me envidian. Es que el Juan antes las mantenía, les daba plata porque desde que el viejo de su padre se fue con la puta de la Jacinta ya no quiso saber nada de ellos, por eso el Juan odia a su padre. Un día borracho le quiso pegar en la fiestita de la virgen de La Asunta. Le dio cóoolera que gastara taaanta plata en cerveza pa invitar a toda la familia pobretona de la Jacinta y a ellos nada y la puta de la Jacinta bien pojchada en la mesa del toldo, llenándose la boca de todo lo que le daba don Fermín. Ese Don Fermín tiene la culpa de que mi Juan sea así. Don Fermín igual de mañoso como todos los hombres. Siempre le sacó la vuelta a doña Justina, doña Justina taaanto que le soportó a don Fermín para que la deje por la puta de la Jacinta, 25 años menor que don Fermín. Pero hasta ahora no le firma los papeles del divorcio. Doña Justina ha jurado que no le va a dar el divorcio, bieeen hecho yo haría lo mismo. Sino después se divorcia y don Fermín se muere y la puta de la Jacinta se queda con las tierras.
Al Ludgardo dicen que le está yendo muy bien se fue a trabajar a una mina y que está ganando haaarta plata, está casado y tiene 4 hijos. A veces pienso que estaría mejor con el Ludgardo. Si el Juan supiera lo que me imagino haciendo a veces con el Ludgardo me mata y sus hermanas le ayudarían al toque nomás, me harían lo mismo que le hicieron a la puta de la Jacinta, que miedo.
Roberta llegó al mercado y trató de hacer sus compras lo más rápido que pudo. Pero sabía que aun así el almuerzo saldría tarde. Ya estaba preparándose para recibir los gritos de Juan, tenía que hacer una comida rápida, decidió hacer torrejas con arroz, tenía manteca, harina y arroz en casa, así es que compró unas cuantas verduras, queso y huevos.
El miedo la invadía, mientras cocinaba. “El Juan llegará y no va a encontrar el almuerzo hecho”, como un mantra se repetía la frase, pero también pensaba en Jacinta, la amante de don Fermín.
La puta de la Jacinta había sido una buena mujer, de casa, pero desde que el marido se le murió, comenzó a buscar trabajo y no podía quedarse en casa pa cuidar a sus hijos, entonces empezó a meter hombres a su casa, sobre todo a hombres casados pa sacarles plata, se convirtió en una puta descarada y agarró al más cojudo a don Fermín que ya estaba viejo y encima le conocía sus debilidades, sus mañas, viejo mañoooso. Por eso bien decía mi abuelita que una mujer no está libre de ser puta sino hasta el día de su muerte. Pobre la puta de la Jacinta lo que le hicieron, pero igual nada pudo detenerla porque sigue ahí bieeen pegada a don Fermín, ese día yo salí disparada por los gritos. Las brujas de las hermanas del Juan la agarraron como a Tupac Amaru, dicen que primero la persiguieron por toda la plaza del pueblo le quitaron la ropa, la dejaron calaaata, sin nadiiita de ropa, la golpearon como quisieron y una de ellas gritaba como loca ¡Agárrenla, agarren a esa puta! Y la Clotilde la más bruja le introdujo un ají por la chucha. La pobre mujer gritaba desesperada, seguro que le ardía mucho, chillaba como chancho cuando lo capan. Pero bien que se lo merecía para que se mete con hombres casados, desde ese día todas las mujeres honradas del pueblo le decimos “la puta de la Jacinta”. Cada vez que nos encontramos en la calle con ella le volteamos la cara, si nos quedamos aunque sea un ratito conversando con ella nos pueden confundir y podrían pensar que somos igualitas a ella.
Ay, diosito, ya vino el Juan y aún no está el almuerzo…





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