¿Suerte?
- pedrocasusol
- 13 may 2025
- 3 min de lectura
Escribe: Thalía Correa
31 de octubre, me veo en el espejo y parece que ya estoy vestida para el día, no me he peinado, y mi cabello está perdiendo el color, el fucsia que me puse hace tres semanas, tengo ojeras de mapache y me pesan los ojos de tanto que lloré la noche anterior, después de que entendí que tuprincipe25, muchacho que había conocido en Tinder, dejó de responderme definitivamente por no haberle depositado dinero, y es que entiendo que haya sido un estafador, pero cómo me voy a enamorar de un estafador. Invertí mucho tiempo en él. No tiene ninguna gracia esto, ni siquiera contarle a mi amiga que ya se había ofrecido voluntariamente a ser la madrina de mi boda. Realmente estaba muy ilusionada, pero la vida continua.
No solo mi aspecto está mal esta mañana, también lo está mi situación económica. Solo me quedan cuatro soles en el monedero, lo suficiente para ir y volver del trabajo. Tenía el objetivo de comprarme un scooter eléctrico, pero ser mujer me está complicando todo. Pintarme el cabello, plancharlo, hacerme las uñas, comprar skincare, ir a cafeterías con amigas, hacía cada vez mi objetivo más lejano.
Dejo de mirarme en el espejo, y busco dos rodajas de pepino para poder refrescar mis parpados, me acuesto por 20 minutos, son las 5:30 de la mañana todavía tengo tiempo para comer, preparo dos tostadas con mantequilla y un café negro. Me ducho, y empieza el ritual, me peino, aplico mis cremas diligentemente, slpash por aquí, splash por allá, me maquillo siempre con colores neutros, ya mi cabello atrae mucha atención, todavía recuerdo cuando le mostré mi cambio de look a mis tres amigas, no dejaron de reírse de mí en ningún momento. Las quiero un montón.
7:30, todavía tengo tiempo de chismear un poco la vida de los demás. Mala decisión, entro a las 9 y solo me queda una hora para poder llegar, salgo corriendo al paradero, siete cuadras después llego y por suerte está el bus que me lleva, solo que ya está por irse, corro como si mi vida dependiera de ello y logro montarme justo cuando están cerrando las puertas, así que recibo un golpe y sigo con mi vergüenza, por suerte quedaban asientos vacíos, me siento y con la poca dignidad que me queda, busco mis audífonos, pongo música, y me abrigo con el sweater como si solo con eso fuese a desaparecer.
Definitivamente hoy no es mi día, soy un imán de cosas malas, por lo menos hoy. Quiero llorar, en parte por mi triste día, en parte por el golpe que recibí de la puerta del bus, me dolió, me dolió bastante.
Momento de bajarme, no tengo que correr, camino, mirando al piso, no quiero ver a nadie a los ojos, no quiero que descubran lo miserable que soy en estos momentos, veo mis zapatos, falta pasarles un trapito, veo un papelito y me río pensando en lo genial que sería si fuese dinero, puede que me esté volviendo loca, pero no pierdo nada con recogerlo, no hay nadie en la calle, finalmente lo recojo y lo desdoblo. Sí, 10 soles, no lo puedo creer, me gané 10 soles por mirar al piso, estaban viejitos, sí, pero servían.
Llegué sonriendo al trabajo, saludé a todos y le conté la historia del dinero que me encontré, todos quedaron maravillados. Ellos también estaban felices porque hoy repartían las propinas, y al parecer todos contábamos solo con el pasaje.
- Daniela, ¿recuerdas que hoy es Halloween?
- Casi lo olvido. Realmente no me gusta.
- Hoy te va a gustar, porque tienes que usar este sombrero de fantasma para que atiendas a las mesas.
- ¿Estás bromeando? ¿Es obligatorio?
- No estoy bromeando y sí, es obligatorio. Toma, póntelo.
Terminé mi turno de humillación, me dieron mi jugosa propina, y me puse averiguar Scooters, definitivamente no me alcanzaba para una, y me tomaría mucho tiempo juntar para poder comprarla, pero me alcanzaba para alquilar una por mes. Eso haría, no volvería a montarme en bus. De ahora en adelante viajaría en una Scooter alquilada.





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