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Tertulia en Villa Diodati

  • pedrocasusol
  • 27 dic 2022
  • 3 min de lectura

Escribe: Pedro Casusol


Era junio de 1816. El año sin verano a causa de la violenta erupción del volcán Tambora, en la isla Sumbawa, que ocasionó una serie de extraños fenómenos climatológicos. Villa Diodati, mansión a orillas del lago Lemán en Suiza, había sido alquilada por Lord Byron, una celebridad romántica para la época. Él huía de la fama y de los escándalos que había propiciado en Inglaterra, donde se le acusaba de incesto, sodomía y otras perlas. Partió con apenas un par de sirvientes y un médico, el joven John William Polidori −quien sería objeto de burlas a causa de sus afanes literarios, por parte de Byron−, cuando se cruzó con Percy Shelley, que viajaba con su joven amante Mary Godwin, huyendo de la furia del padre de la muchacha, el anarquista William Godwin. La pareja estaba acompañada, además, por la adolescente Claire Clairmont, quien sería seducida por Byron.


Una feroz tormenta los obliga a quedarse en Villa Diodati el 16 de junio. Byron, quien acaba de enterarse de que Claire está embarazada, les propone pasar la noche junto al fuego y esperar a que escampe. Comen y beben opíparamente, mientras afuera la lluvia arrecia con truenos y relámpagos. Es una época de descubrimientos científicos, por lo que el autor de “Don Juan” comenta los experimentos del doctor Erasmus Darwin, quien había intentado revivir seres muertos. Discuten sobre un “fluido vital” que daría energía a los cuerpos y que, según Lord Byron, se encontraría en la sangre; sin embargo, Percy Shelley está convencido de que hay algo más, piensa que algo tiene que estar conectado con la tierra. Estimulado por el rumbo de la noche, el anfitrión toma un libro y empieza a leer en voz alta cuentos alemanes de fantasmas.


Arrullados por el repiqueteo de la lluvia contra las ventanas, la tertulia adquiere tintes lúgubres. Una vez que comprende que su audiencia ha sido subyugada por el miedo, Byron propone a cada uno escribir un cuento de terror para pasar el rato y no aburrirse. Esa noche nacen dos historias inmortales para la cultura moderna. Byron inicia un relato llamado “El entierro”, inspirado en las leyendas de bebedores de sangre de los Balcanes; Percy Shelley, por su parte, imagina a un fantasma creado a base de cenizas. Estas dos historias, sin embargo, quedarán inconclusas. Más adelante, el joven Polidori ofrecerá una continuación de la historia de Byron, aunque modificando algunos elementos para construir el retrato de un aristócrata misterioso y seductor, la encarnación del mal: Lord Ruthven, un hombre incapaz de envejecer o de morir, quien es acompañado durante un viaje por un joven inglés llamado Aubrey.


Titulado simplemente “El vampiro”, fue atribuido inicialmente al propio Byron −Goethe llegó a decir que se trataba del mejor trabajo del poeta− y termina siendo la venganza del médico contra el hombre al que admiraba y despreciaba. Para sus contemporáneos, era obvio que Lord Ruthven constituía una representación literaria de Lord Byron, un manipulador profesional. El cuento del “pobre Polidori”, como lo llamaba burlonamente Byron, sentó las bases de lo que hoy conocemos como el “vampiro romántico” y será la inspiración directa de la novela “Drácula” de Bram Stoker. No obstante, esta no será la única historia nacida de las velas de Villa Diodati. Mary Godwin, apellidada Shelley tras el matrimonio con Percy, tendrá varias pesadillas antes de concebir su historia. En ellas, alcanza a ver a un hombre, aprendiz de las artes prohibidas, que le confiere vida artificial a una creatura por medio de un complejo mecanismo…


A la mañana siguiente, se sentó a trabajar en el cuento que consideró poco más que un pasatiempo, pero terminó siendo “Frankenstein o el moderno Prometeo”, la novela que inauguró la ciencia ficción moderna. La historia de un hombre atormentado por desafiar a las leyes de la naturaleza, alegoría del desarrollo científico. Para entonces, Mary tenía mucha experiencia con la muerte: había perdido a una hija a pocas semanas de nacida y no llegó a conocer a su madre, quien falleció en el parto. La muerte era ese monstruo que la perseguía desde su nacimiento. La tertulia en Villa Diodati será recordada sobre todo por esta obra inmortal. Mary Shelley fallecerá a los 53 años a causa de un tumor cerebral, pero el resto del grupo morirá de formas trágicas. Polidori se suicidó con ácido prúsico en 1821; un año más tarde, Percy Shelley murió ahogado en las costas de Italia. En 1824, Lord Byron llega a Grecia para luchar por la liberación del país, pero cae enfermo y los médicos le aplican demasiadas sangrías. Dicen que murió preso de fiebres y violentas diarreas y que le extrajeron hasta dos litros de sangre.




 
 
 

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