Un escritor casi secreto
- pedrocasusol
- 18 feb 2023
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Escribe: Pedro Casusol
Cada vez que encuentro a alguien que ha leído a Luis Loayza, una profunda complicidad nos vincula. Y es que el “borgiano de Petit Thouars”, como lo nombró Mario Vargas Llosa en la célebre dedicatoria de “Conversación en La Catedral”, resulta ser un escritor casi secreto, con solo dos libros de relatos, una novela y dos conjuntos de ensayos editados. A pesar de ello, Loayza está en lo más alto de la jerarquía de prosistas peruanos. Su obra cumbre tal vez sea “Otras tardes”, cuento publicado en el libro homónimo de 1985, en donde relata con maestría una historia muy simple, un profesor que inicia una affaire con una mujer casada, con claros ribetes chejovianos.
Loayza, Vargas Llosa y Abelardo Oquendo formaron un trío que a mediados del siglo XX materializó su amor por las letras en una revista de nombre “Literatura”, que contó con apenas tres números entre 1958 y 1959. Solían tomarse un café en La Colmena y luego emprendían caminatas que acompañaban con largas conversaciones. Para entonces, Loayza había publicado su primer libro, “El avaro”, un conjunto de aforismos y fábulas de corte minimalista que muchas veces rayan con la filosofía, antecedente directo del microrrelato en el Perú. Desde su publicación en 1955 se trató de un libro casi secreto, de edición no venal, con apenas 150 ejemplares repartidos entre amigos y conocidos. Loayza tenía 21 años y había descubierto a Jorge Luis Borges.
Precisamente, el cuento que da nombre al libro podría considerarse la piedra de toque de toda la obra de Loayza y su actitud frente a la literatura. En el relato, un hombre que se define como un avaro explica sus motivaciones: si bien le gustan sus monedas de oro por lo que son, las atesora principalmente para imaginar lo que podría comprarse con ellas. “Este poder es lo que me agrada sobre todo y el poder se destruye cuando se emplea”, nos dice. De la misma manera, Loayza se guardó para sí todas las historias que dejó de escribir y nos privó de su figura de escritor, al no conceder ni una sola entrevista o presentación pública, en desmedro de la difusión de sus libros. En cambio, optó por dejar en boca de amigos y conocidos el misterio de su personalidad, convirtiéndose en una suerte de J. D. Salinger o Thomas Pynchon de la literatura peruana.
Debemos reconocer a Luis Loayza en el tamiz de sus personajes, en la voz que nos habla desde sus ensayos, en la aventura que inician los personajes de “Una piel de serpiente”, su primera y única novela, editada en 1964. En ella, un grupo de jóvenes planea una publicación subversiva en medio de la dictadura del general Odría. El estilo, cartesiano y duro, con focalización externa, motivó a que Miguel Gutiérrez la calificara como “una de las más aburridas de la literatura peruana”. Más allá de contener una trama que por momentos se sostiene como una novela policial, es un relato repleto de anticlímax en donde su protagonista, Juan, brilla por su inacción. Tal vez demasiado moderna para su época, se publicó en la colección “Populibros peruanos” apenas un año antes de que su amigo Vargas Llosa rompiera esquemas con “La ciudad y los perros”.
Como si se tratara de uno de sus relatos, la vida de Loayza está llena de silencios. Se sabe que se casó en París, que regresó al Perú y consiguió un puesto como traductor en las Naciones Unidas, en Nueva York, donde le ganó una partida de ajedrez al campeón mundial Bobby Fischer. Después se trasladó a Ginebra y regresó a París, lugares desde donde siempre miró al Perú. Su último libro de cuentos fue “Otras tardes”, donde se encuentra esa joya de las letras peruanas que le da el título al volumen, la historia de Carlos y Ana, el descubrimiento de la atracción y el recuerdo de aquellas tardes, las otras, las que no se narran. El sol crepuscular ingresando a través de las cortinas, en Miraflores, a mediados del siglo XX. Una sala vacía y silenciosa con el polvo flotando en el ambiente. Cuando Loayza falleció, llevaba tres décadas sin pisar el Perú. Quizás por eso pudo escribir “Otras tardes”, un cuento tejido con la luz de sus recuerdos.





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