Una novelista olvidada
- pedrocasusol
- 21 mar 2022
- 3 min de lectura
Actualizado: 28 mar 2022
Escribe: Pedro Casusol
Uno se viene a enterar de la existencia de Rosa Arciniega, prolífica escritora y periodista peruana, y no puede sino preguntarse dónde estuvo escondida y cómo es posible que no se estudie en los colegios como una de las más originales y adelantadas escritoras de su época. Tal vez la razón radique en que casi toda su obra se publicó en España, donde se hizo famosa hacia 1930. Tras la Guerra Civil sus primeras novelas, agudas críticas al fascismo, a la revolución industrial y a la modernidad, debieron terminar escondidas en bibliotecas apolilladas. Se puede afirmar incluso que Rosa Arciniega no fue publicada en el Perú hasta 2021, cuando una editorial peruana decidió reeditar “Mosko-Storm”, uno de los más importantes rescates literarios del año que pasó.
Rosa Arciniega rondaba los 25 cuando llegó a España, casada, con planes de formar una familia. En Lima había frecuentado los círculos de José Carlos Mariátegui y es probable que al llegar a Europa se inscribiera en el Partido Socialista Obrero Español, aunque ella se definió como “anarquista mística”. Piloto de avión, sufrió un accidente sobrevolando el río Rímac. En España alborotó la escena literaria vistiéndose de hombre, con corbata, chaqueta y boina. Sorprendió también por sus novelas, que empezó a publicar en 1931, y su nombre se hizo habitual en diarios y revistas. Fue gran amiga de Carlos Oquendo de Amat, de quien se dice que pagó sus exequias, así como de otros poetas vanguardistas peruanos que recalaron en Madrid por aquella época.
Su primera novela, “Engranajes”, fue acogida por la crítica y elegida como “El mejor libro del mes”, siendo la primera mujer en recibir esta distinción. “He aquí con Rosa Arciniega, en sus inicios, la madurez del acierto”, señaló una reseña. Repetiría el plato ese mismo año con su segunda entrega, “Jaque-Mate”, que aborda el ascenso de los totalitarismos europeos, un “match de la política internacional”, en palabras de la autora, que volvería a ser aupada por la crítica con la distinción del “mejor libro del mes”. Dos años más tarde apareció “Mosko-Storm”, reeditado hoy con prólogo de Inmaculada Lergo.
Con el subtítulo de “El torbellino de las grandes metrópolis”, Arciniega plantea lo que se ha llamado a veces “novela de tesis”. Para ella, “lo permanente, lo inmutable, lo eterno” es la idea que subyace en el proyecto literario, siempre acorde a las fuertes corrientes ideológicas que atravesaban las artes, de las cuales Arciniega no era ajena. La novela nos muestra una gran metrópolis moderna, Cosmópolis, tal vez influenciada por la película de Fritz Lang “Metrópolis”, a través de su protagonista, Max Walker, ingeniero director de una fábrica, enamorado de los rascacielos y de maximizar la productividad, y de su contraparte, Jackie Okfurt, el único capaz de darse cuenta de que la modernidad puede parecerse también al Maelstrom, el gran remolino de las costas noruegas que, según Okfurt, se encuentra en el mismo centro de Cosmópolis.
“Mosko-Storm” se presenta así como una distopía moderna. Aquella ciudad utópica con reminiscencias del Nueva York de la década, simboliza la deshumanización producto de la fiebre industrial, como lo hará Charles Chaplin en “Modern Times”. El resultado de este “frenesí” que profesa Walker por la eficacia, denostado por Okfurt en diálogos y reflexiones, no es otro que el vacío que sufren ciertos personajes atrapados en el vórtice del Maelstrom, enceguecidos por los adelantos tecnológicos, la vida disipada y el lujo frívolo. Así ocurre con Isabel, la esposa de Walker, cuyo hartazgo originará el quiebre del protagonista. Publicada un año después que “Brave New World”, la novela comparte el espíritu de la distopía de Aldous Huxley, y permite acercarnos a una autora que innovó la narrativa peruana del siglo XX, pero de la que apenas teníamos noticias.





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