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¿Y ahora?

  • pedrocasusol
  • 10 nov 2024
  • 4 min de lectura

Escribe: Thalía Correa


-Date prisa Juan, los muchachos ya están en el grifo. 


-Dame 5 min, Ruth, no se me puede olvidar nada.


-Siempre es lo mismo. Te espero abajo, calentaré el carro.


-Bien. 


-¡Ruth!


-¿Qué pasa, Juan?


-Te amo


-Yo igual, pero porfi no demores más.


Juan escuchó el portazo, y se quedó revisando detalladamente la lista de cosas que tenía que llevar. Robin lo sorprendió apareciendo con su paso lento y sus orejas que casi llegaban al piso. Era un hermoso Basset Hound y tenía 10 años con ellos. Juan le dijo:


-Robin, ¿qué haces aquí? Pensé que estabas ya en el carro. ¿Cómo se va a olvidar de ti? Espérame y bajamos juntos. 


Pero mientras lo veía, recordaba cómo habían tomado la decisión de tenerlo. Lo hicieron su responsabilidad y se comprometieron a criarlo juntos. Hace diez años ellos tenían 22, todavía no vivían juntos, pero se tenían mucho amor, un amor pequeño que crecía con Robin. Ese fin de semana, Juan le pediría matrimonio a Ruth, por eso andaba más nervioso de lo normal. Sabía que era una gran decisión, amaba realmente a Ruth y no imaginaba una vida sin ella. Juntos habían pasado buenos y malos momentos, muy maduros y pacientes. Juan la admiraba mucho, ella era la persona más extrovertida que él conocía, siempre le hacía reír y siempre tenía un plan nuevo por conquistar.


Ruth seguía siendo la maravillosa mujer de la que se enamoró, pero actualmente, con menos paciencia. Juan no entendía qué pasaba, por eso compró el anillo, quería demostrarle que él seguía siendo el mismo. Nunca cambiaría. Menos sus sentimientos por ella. 


Mientras hacía memoria, recordó que ella lo esperaba en el carro, guardó el anillo, agarró a Robin y se dirigieron juntos al estacionamiento. 


Ella ni se percató de Robin y le dirigió una mirada molesta a Juan.


El viaje fue incómodo, Juan entendía menos a Ruth. La música estaba tan alta que en un momento Juan se preguntó si estaría bien salirse por la ventana mientras el carro seguía en movimiento. Si lo hiciera... ¿ella, lo notaría? Y aunque por un momento pensó que estaba exagerando o imaginando cosas, algo era cierto. Ella estaba brava, siempre que lo estaba creaba un muro con la música. Empezó a preguntarse si sería una buena idea proponerle matrimonio este fin de semana. Se le estaba agotando la paciencia y realmente no entendía qué le molestaba. 


Se encontraron en el grifo con Pablo, primo de Juan que además era su mejor amigo. Eran Pablo y su novia. Juan y Ruth. Llegaron a la playa. Armaron las carpas, corría brisa y el sonido de las olas le daba generaba tranquilidad, pero no lo suficiente para relajarlo. Pablo lo conocía y no quería  más incomodarlo más, le dio su espacio y una fría cerveza. otra vez en silencio, definitivamente no sacaría el anillo este fin de semana. 


-Ruth, ¿podemos hablar?


-¿De qué?


-De nosotros, de hoy, de tu comportamiento. 


-Mira, Juan, hablemos en casa si quieres. No crees una atmósfera rara. He estado esperando este viaje tres meses. No me lo arruines. Por favor.


-Precisamente por eso quiero que hablemos, Ruth.


-En casa, ahorita no. Vamos con Pablo, nos está llamando.


Juan no quedó para nada satisfecho. Pablo les ofreció de las hamburguesas que había hecho. Cuando terminaron de comer, Irene y Ruth se fueron a dar una caminata. Los primos se quedaron recogiendo todo y cuando terminaron se sentaron a compartir unas cervezas y vieron la fiesta que había a lo lejos.


-Ha pasado tiempo, ¿cómo van las cosas con Irene, es serio?


-Pues solo tenemos 6 meses. Todavía no lo sé.


-Entiendo.- Juan volvió a perderse en sus recuerdos. Las muchachas volvieron. Cuando quedaron solos le dijo a Ruth que necesitaban hablar pero ella le dijo que era tarde y mejor que hablaran a la mañana siguiente. Él no pudo dormir, se sentía fastidiado, aburrido y de cierta manera atrapado. Agarro su teléfono,  y a Robin y se fue manejando a casa. 


Cuando llegó a casa eran 5 de la mañana. Intentó desbloquear el teléfono pero no se pudo. Se trajo el teléfono de Ruth y de repente en tanto silencio se le ocurrió revisarlo, las manos le temblaban y es que al no desbloquear con su fecha de aniversario era claro que en algún momento ella había cambiado la contraseña. Probó varios cumpleaños hasta que logró desbloquearlo. Sentía ansiedad al tener el acceso a su teléfono, pero también alivio. Cuándo se daría cuenta ella de su ausencia y la de su teléfono.


Lo primero que revisó fue el WhatsApp, una ola de ira se apoderó de Juan. 


-Pablo y Ruth. ¡Imposible!


No terminó de leer la romántica conversación que mantenían porque ya andaba de regreso a la playa esta vez sin Robin. Pablo y Ruth, era todo en lo que pensaba. Cuando llegó estaban los dos tomando café, sentados muy cerca y le dieron náuseas. Quería una explicación. ¿Desde cuándo? Se acercó y Pablo se puso de pie tranquilamente. Escuchó a Ruth que le preguntaba: ¿Dónde te habías metido? Pero no pretendía responder. Le dio un golpe en el estómago a Pablo que lo dejó sin aire y Ruth gritó. Juan continuó hasta la carpa e intercambió los teléfonos, buscó la mirada de Ruth y solo agitó el teléfono en el aire. Se montó y manejó por última vez a casa.



 
 
 

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